jueves, 24 de marzo de 2016

Αστέρων πάντων

Esta mañana de jueves escucho uno de mis discos preferidos en compañía de un buen libro. Escucho, leo, escucho, leo, escucho, leo, escucho. . .



(...) Safo celebra el cuerpo real, sexuado, la fisiología inmanente, describiendo el amor como una física de las emociones, como una pasión de las sensaciones.
(...) El amor, en primer lugar físico, se vive en la simplicidad de la expresión libre.
(...) Hablo de la amistad con uno mismo, (...) no enfadarse consigo mismo, no celebrar subterráneamente las pulsiones negativas del odio o del desprecio dirigidas contra la carne, no consentir las violencias que se vuelven contra uno mismo, no desfigurarse, no lacerarse el alma, no encenagarse en la maceración mórbida, en el asco visceral del propio ser, no dejarse vencer por las máquinas de guerra juseocristianas como el sentimiento de la falta, la impresión del pecado, el imperio de la culpabilidad, la espina de la carne.
(...) Reír, pues, y luego seguir nuestro camino.

(Michel Onfray. Fragmentos de  
Teoría del cuerpo enamorado, 
por una erótica solar)

2 comentarios:

Vicky dijo...

Después de leer a Delillo y a Foster Wallace, y notar las pulsiones autodestructivas de algunos personajes, pienso que el dolor autoinflingido responde a la necesidad de sentirse vivo o a símbolos autobiográficos. Debemos ser más sofisticados que el masoquismo.

Luz dijo...

Yo también lo creo. El otro día, en el metro, un compañero de trabajo me dijo que lo mejor que le podía suceder a una persona era ser capaz de reírse de ella misma y no puedo estar más de acuerdo. Como dice el final del texto que seleccioné... "Reír pues, y luego seguir nuestro camino". Muchas gracias por tu comentario, Vicky. Un abrazo.

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